Ray Kurzweil es un personaje de lo más interesante, controvertido y futurista que se puede encontrar en el mundo de la tecnología. Desde la publicación de su libro La era de las máquinas espirituales ha venido promulgando la idea de que la inexorable aceleración en el desarrollo tecnológico nos llevará –en breve– a una situación en la que el advenimiento de la inteligencia artificial será inexorable. Y en su siguiente obra, La singularidad está cerca ahonda en el momento histórico de ese futuro cercano en el que las máquinas serán tan inteligentes como para fabricarse (reproducirse) y mejorarse a sí mismas, logrando la independencia de los humanos y evolucionando a una velocidad vertiginosa: la singularidad tecnológica será tan poderosa que no podremos predecir sus consecuencias.

Según Kurzweil esto podría suceder hacia 2045. Pero, década arriba, década abajo, lo interesante es que no hay demasiados impedimentos para que esto suceda si todo se desarrolla según sus predicciones. Y aunque sus teorías son controvertidas, algunas de sus predicciones han fallado (son de hace una década) y científicos de diversas áreas las han cuestionado o refutado, también ha recibido el apoyo de otros expertos de diversos campos e incluso fue contratado como director de ingeniería en Google.

En una reciente conferencia planteó su convencimiento de que en unos quince años podremos conectar directamente el cerebro a Internet y a la nube. Esto se produciría como una evolución de los dispositivos que hoy en día miden las señales cerebrales más simples, reconociéndolas y convirtiéndolas en órdenes simples que se envían mediante una interfaz y que las máquinas pueden procesar. Gracias a ello una persona puede jugar a un simple videojuego simplemente «pensando» en mover una raqueta, por ejemplo, o alguien con una de discapacidad motora puede controlar un brazo robótico o una silla de ruedas.

Naturalmente, esto que hoy en día resulta relativamente sencillo estaría dentro de quince años mucho más mejorado y refinado. Podríamos enviar pensamientos más complejos en forma de órdenes, que la «nube» de Internet procesaría y nos devolvería al instante, en forma de señales auditivas o visuales. (Imaginemos algo como Siri o Cortana pero mucho más evolucionado, que actuara sigilosamente sin siquiera hablar ni necesitar que le habláramos). Sería como una extensión del cerebro, una forma de tener la nube dentro de la cabeza.

Según el futurólogo, quizá cuando esto suceda los seres humanos conectados a la nube comiencen a evolucionar en algo difernete «más allá de sus limitaciones, pensando dentro de las máquinas o de la nube», según explica. Tal vez un poco más tarde, hacia 2030, los humanos seamos algo diferente a lo que somos actualmente.

Foto| Ray Kurzweil (CC) Ed Schipul @ Flickr}

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