El bum que está viviendo la inteligencia artificial (IA) desde hace tres años tiene una característica principal: detrás de cada herramienta que se ha colado en la rutina diaria del público general (el 88 % de las compañías la usan), hay una empresa privada. Al pistoletazo de salida que dio OpenAI a finales de 2022 con la apertura de ChatGPT lo siguieron enseguida otros gigantes como Google, Meta, Microsoft o Anthropic. Usar la IA es tan fácil como probar alguno de sus chatbots y tan prometedor como crear un agente que se ajuste específicamente a las necesidades de nuestra empresa. Sin embargo, queda una pregunta en el aire: ¿a quién pertenece esa herramienta? ¿y los datos que maneja? ¿cuánto control real tenemos sobre ella?
Aquí es cuando hay que empezar a hablar de soberanía, algo que, en plena época de digitalizaciones y espacios de datos, solemos relacionar con la nube. En la IA, la cuestión de dónde están y a quién pertenecen los servidores que albergan toda esa información también es relevante, por supuesto, pero no sirve de nada quedarse ahí.
Como explica Maja-Olivia Himmer, AI Lead en la Oficina del Director Técnico en T-Systems International GmbH, la IA soberana es gradual y tiene tres niveles: la soberanía de los datos (es decir, controlar su ubicación, procesamiento y seguridad), la soberanía operativa (controlar las operaciones, el acceso y la gobernanza) y la soberanía tecnológica (controlar la arquitectura, el software, los pesos de los modelos y la apertura).
Con esa pequeña chuleta clara —que sirve, en definitiva, para saber dónde están los datos y quién puede acceder a ellos, controlar quién y con qué hardware opera los sistemas y decidir cómo se desarrollarán los modelos—, es más fácil analizar los modelos más populares y ver que el nivel de soberanía que ofrecen no es el mismo. En el nivel más bajo están los modelos propietarios como GPT-4 o Claude, que solo se pueden utilizar a través de API.
En el otro extremo del espectro se encuentran los modelos de código abierto desarrollados a nivel local, como por ejemplo Apertus de la ETH de Zúrich y la EPFL, considerado el primer modelo de IA generativa que cumple los requisitos de transparencia de la Ley de IA europea.
Desde T-Systems trabajamos para facilitar a las empresas esa transición hacia la IA soberana, y lo hacemos buscando siempre el enfoque más integral. Así, en nuestra oferta de IA se incluye desde el uso del centro de datos de IA que está construyendo en Múnich Deutsche Telekom junto con NVIDIA, que contribuirá a la soberanía tecnológica europea, hasta los AI Foundation Services, nuestra plataforma para una IA soberana europea, pasando por una cartera soberana de soluciones y, por supuesto, el asesoramiento en todo momento y las operaciones que cubren todo el ciclo de vida de la solución. El objetivo es siempre el mismo: una IA responsable, segura, eficaz, que esté en consonancia con los valores europeos y en la que el control lo tengamos nosotros.

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