Llevamos mucho tiempo hablando de las carreteras inteligentes y conectadas que iban a ser normales en el futuro. En este caso, podemos estar contentos: al contrario de lo que ocurre a veces con algunas promesas tecnológicas, esta ya es una realidad. Ya hay vehículos conectados y, además, como señalaban desde la Dirección General de Tráfico (DGT) a finales de 2025, las carreteras interurbanas españolas son recorridas por 13.000 km de fibra óptica y están monitorizadas con cerca de 10.000 dispositivos, que permiten controlar el estado del tráfico y actualizar los paneles informativos de incidencias como accidentes, mejorando la seguridad de las vías.
Aunque son primeros pasos importantes, son solo eso: primeros pasos. El camino por recorrer es todavía largo. Un ejemplo es la orquestación. Como estimaba Marius Gómez, director de Sector Público en T-Systems, en el reciente VI Congreso Andaluz de Carreteras, en España tenemos casi más sistemas de gestión que kilómetros de carretera. Hay sistemas de gestión inteligente del tráfico, de señalización, IoT… Sin embargo, esto que fue perfectamente válido durante muchos años, no responde tan bien ante retos actuales como el medioambiental o cambios como la tendencia hacia el teletrabajo: es imprescindible que todos esos sistemas de gestión se hablen entre ellos para poder tomar mejores decisiones.
Otra de las líneas en las que se está trabajando en T-Systems en cuestión de movilidad es la de la soberanía. Toda esa gran cantidad de sistemas de gestión crea también silos. Compartirla información de forma segura en un espacio de datos, un lugar de confianza, con reglas y contratos entre quien crea los datos y quien los consume, permite acabar con esa división. No es una cesión de datos, sino un acuerdo para poder acceder a ellos con un objetivo claro y estipulado. Las nubes soberanas europeas aportan seguridad y confianza: los datos están alojados en centros de datos europeos que se rigen según las leyes de la UE.
El tercer punto en desarrollo es el de cómo poner el dato en acción, es decir, qué se puede lograr al aplicarle una inteligencia artificial (IA). Crear modelos específicos entrenados para resolver problemas como la congestión o la planificación de acciones preventivas en las vías es posible a través de la IA y sin necesidad de generar nuevos sistemas de información, sino aplicándolos a los sistemas ya en funcionamiento.
¿Cómo facilitar que todas estas líneas de trabajo —que son solo algunas— se desarrollen sin mucho contratiempo? Es necesaria, como siempre, una infraestructura tecnológica que sirva como base: que tenga la potencia necesaria para trabajar con tanta información y realizar operaciones complejas sobre ella sin que el sistema se resienta. El Industrial AI Cloud de T-Systems permite entrenar modelos en una nube soberana sin tener que realizar un inversión exagerada al principio.
En su ponencia, Gómez concluyó que lo que logra todo esto es «simplificar, gestionar los datos, integrar y tomar decisiones que por naturaleza son más complejas con el uso de la tecnología». La revolución tecnológica de las carreteras no ha hecho más que empezar.

Deja tu comentario sobre "Carreteras inteligentes y conectadas: ¿qué falta todavía?"