Hay una comparación que se hace a menudo al hablar de la IA y la profundidad de los cambios que ya está provocando: se dice que es similar a lo que significó la llegada de la electricidad. ¿Es de verdad lo que estamos viviendo una revolución de ese calado? Expertos como Andrew Ng, en aquel momento científico jefe en Baidu Research, opinan que sí: «Al igual que la electricidad lo transformó casi todo hace cien años, hoy me cuesta pensar en una industria que no crea que la IA va a transformar», aseguró de forma visionaria ya en 2017.
En efecto, aunque haya diferentes velocidades, la adopción de la IA a nivel mundial es transversal: en mayor o menor medida, ya está en todos los sectores. El mundo industrial, el de las fábricas, no es ninguna excepción: según el Industrial AI Market Report 2025-2030, se espera que el mercado de la IA industrial alcance los 153.900 millones de dólares en 2030 (desde los 43.600 millones de 2024). Sin embargo, para esa adopción de la inteligencia artificial desbloquee realmente todo su potencial, es necesario tener en cuenta una serie de cuestiones.
¿Cuáles son las claves de la IA industrial? Pueden resumirse en tres: debe ser segura, debe ser escalable y debe ser soberana. En Europa, el nivel mínimo de seguridad es el que ya exige la legislación (protección de datos, por ejemplo), que clasifica las aplicaciones de IA en función de su riesgo y las regula en consecuencia. En cuanto a la escalabilidad, es fundamental para permitir el crecimiento empresarial sin tener que estar cambiando de producto constantemente. Por último, la soberanía es básica, especialmente cuando hablamos de una tecnología, la IA, que se ha popularizado gracias a los productos de empresas privadas. Usar una inteligencia artificial de, por ejemplo, OpenAI, significa no tener el control de nuestros datos ni de las infraestructuras en las que se manejan o las tecnologías que los tratan.
La solución para poder adaptar la industria a este nuevo panorama tecnológico no es subirse al primer tren de IA que pase, sino pensar muy bien cómo y para qué se utilizará, además de cuál será el proveedor de inteligencia artificial que utilizaremos. Desde T-Systems y Deutsche Telekom, junto con NVIDIA, estamos trabajando precisamente en un gran centro de datos que pueda cumplir con las necesidades y expectativas de las empresas: una fábrica de IA con 10.000 GPU NVIDIA de última generación que tendrá la potencia de cálculo de un superordenador capaz de realizar 500 cuatrillones de operaciones por segundo. Además, tiene 20 petabytes de almacenamiento, consume poca energía y cumple con los requisitos de seguridad y calidad más exigentes.
Esta Industrial AI Cloud, hecha en y para Europa, empezará a funcionar en el primer trimestre de 2026 (lo excepcional de esta fecha es que su construcción empezó solo seis meses antes). Los clientes podrán acceder de tres modos diferentes: reservando solo la potencia de cálculo de las GPU, hacerlo junto con modelos de IA que ya hemos preentrenado en nuestro T Cloud o combinarlo con servicios gestionados. El tren de la IA industrial más segura y eficaz llegará puntual a la estación para que las fábricas europeas no se queden atrás.

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