La ciberseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las empresas, las organizaciones y las administraciones públicas. No solo han aumentado las amenazas, sino que además estas se han vuelto más sofisticadas e, incluso, más rápidas. El boom de la inteligencia artificial ha permitido a la industria del cibercrimen afinar todavía más qué hacen y cómo, aunque, en justicia, la propia IA es ya un activo valioso para mejorar la ciberseguridad corporativa y son muchas las soluciones que la emplean como aliada para enfrentarse de forma más eficiente a los riesgos en seguridad.
En paralelo, el contexto geopolítico ha creado un entorno más inestable, uno en el que las potenciales amenazas suben en un marco de potentes incertidumbres. Las amenazas en ciberseguridad están afectando a todo el espectro de los organismos y administraciones públicas, potencialmente desde pequeños ayuntamientos a grandes ministerios, y llegan desde actores con intereses políticos hasta desde cibercriminales que buscan el máximo aprovechamiento económico de unos datos que son especialmente valiosos. En los últimos años, los diferentes estados han empezado a priorizar su inversión en ciberdefensa y a perfilar una estrategia a nivel estatal en ciberseguridad.
De hecho, España ya destina un tercio de su gasto militar a la ciberseguridad. Así, ha cerrado 2025 con una inversión en defensa de 33.123 millones de euros, un 45% más que en 2024, en línea con lo previsto en el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, que sigue los acuerdos de la cumbre de la OTAN de Gales de 2014, como recoge Computing. Una parte importante de esta cifra se va a la ciberdefensa, un sector al alza en ese momento de amenazas al alza. Solo en 2024, España registró más de 100.000 ciberataques.
Las líneas maestras de la ciberdefensa
Así, la tarta de la inversión destina un 31% del gasto en defensa a telecomunicaciones y ciberseguridad. Pero ¿a qué se destina esta inversión? En líneas generales, y como recoge el medio tecnológico, estos presupuestos priorizan la modernización de las comunicaciones cifradas y la inversión en satélites, radares, servicios de nube 5G e inteligencia artificial.
El objetivo final es que el país esté más preparado para las que se conocen como amenazas híbridas. Esto se conecta con un cambio en el paradigma. Al fin y al cabo, las amenazas ya no son como podían serlo décadas atrás. Como le explica un experto en defensa en un análisis de ComputerWorld, «en el ciberespacio estamos en confrontación permanente». Los ataques más obvios (como aquellos que apagan infraestructuras críticas) conviven con otras muchas cuestiones, como pueden ser las campañas articuladas de desinformación y desestabilización. Todo se ha vuelto mucho más complejo.
Volviendo a las líneas maestras de la inversión en ciberdefensa de España, también se trabaja para conseguir más innovación en áreas destacadas, como pueden ser la IA, la cuántica o la biotecnología, o una industria de seguridad sólida.
Este terreno también conecta con las conclusiones de las voces expertas del citado análisis de ComputerWorld, ya que «la defensa no es un tema únicamente militar» sino que implica a terrenos transversales y requiere innovación propia. De hecho, en los últimos años, se ha empezado a hablar intensamente de soberanía digital (y no pocos servicios al alza, como la nube soberana, se vinculan con estas cuestiones).

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