Aunque los análisis tienden a centrarse en cuántos trabajos nuevos creará la inteligencia artificial (IA), o cuántos eliminará en el caso de los más pesimistas, la IA ya está teniendo un impacto directo sobre el día a día de las plantillas. Al integrarse en la operativa diaria, se afianza como una de las herramientas con más potencial y valor, una de las que puede ayudar a las compañías y a sus trabajadores a optimizar el día a día, a evitar potenciales riesgos o a encontrar nuevas oportunidades. Un bueno uso de la inteligencia artificial logra un elevado rango de mejoras.
Uno de los principales efectos positivos se nota en el tiempo. La IA libera espacio y recursos a los profesionales para que estos puedan centrarse en aquellas áreas de más valor. Esto es, les ahorra horas de trabajo, los libera de tareas repetitivas y poco valiosas y crea una suerte de red de seguridad para desempeñar otras funciones. Aunque la integración de la IA es todavía un tanto desigual entre las empresas, los datos de los estudios permiten confirmar ya que su retorno es positivo.
Esto es lo que confirma una investigación reciente que publica ComputerWorld: de media, los trabajadores españoles ya se ahorran unos 171 minutos al día gracias a lo que hace por ellos la IA. Esto supone una notable subida, frente a los 51 minutos que los encuestados consideraban que ganaban en 2024. Traduciendo los minutos a horas, la IA supone un ahorro de tiempo de 2,85 horas.
Aun así, este ahorro de tiempo no se registra en las cuentas corporativas. Esto es, las compañías no son capaces todavía de extrapolar qué está ocurriendo a sus flujos de trabajo y a los de productividad. En parte, esto ocurre porque los propios trabajadores no son capaces de explicar bien cómo ese ahorro de tiempo está mejorando su trabajo. Solo un 38% es capaz de determinar cuál es el impacto directo que tiene la IA en su día a día.
En resumidas cuentas, la IA se estaría integrando en la operativa diaria, estaría ya mejorando las jornadas de los trabajadores y conseguiría ya reducir pérdidas de tiempo, pero saber todo esto no implica necesariamente que se conozca del todo cómo y qué retorno tiene. Se podría decir que se sabe que está ahí y que funciona para bien, pero que ese dato no se puede integrar en la hoja de cálculo de seguimiento de la operativa.
Una estrategia IA, el paso fundamental
Esto es un problema, porque las empresas necesitan tener muy claro qué ocurre, ya que esto les permite tomar mejores decisiones y, sobre todo, orientar de una forma óptima sus presupuestos y su estrategia TI. Por tanto, se impone la necesidad de diseñar una estrategia de inteligencia artificial clara. En lugar de dejar que los propios trabajadores echen mano de las herramientas IA de las que les hablan o que emplean en su vida personal, debe ser la propia compañía la que establezca unas pautas claras de qué se puede usar, cuándo y cómo.
Para ello, se deben buscar partners confiables, que ayuden a determinar cuáles son las mejores soluciones de IA y qué necesidades deben cubrir para cada compañía y cada departamento. Ahí es donde entra T-Systems, un socio fiable con experiencia integral en IA que ayudará a crear la infraestructura necesaria para impulsar con estas soluciones el futuro de la compañía.

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