Hablar de inteligencia artificial en el ámbito sanitario suele traer consigo reacciones encontradas. Por un lado, la promesa —en algunos casos, ya cumplida— es enorme: mayor capacidad de diagnóstico temprano, la detección de patrones que a lo mejor a una persona del sector se le escapan, la posibilidad de delegar las pesadas tareas administrativas, necesarias pero que consumen muchísimo tiempo cada día. Por otro, la advertencia: para poder disfrutar de verdad de todo ese futuro prometido, es imprescindible no olvidar que el de la salud es un sector especialmente sensible. Hay que garantizar la seguridad y la privacidad de pacientes y de sus datos, hay que saber cómo funcionan los algoritmos, hay que determinar responsabilidades y, desde luego, no hay que olvidar la parte humana nunca. Todo esto se multiplica (beneficios y riesgos) si pensamos en una especialidad como la de medicina de urgencias.
En la sala de Urgencias, el personal debe tomar multitud de decisiones con muchísima rapidez. Estas servirán para hacer el triaje, detectando así los casos más graves y urgentes y los que pueden esperar, además de para determinar qué pruebas son necesarias, qué tratamientos son los más adecuados o cuándo hay que buscar a algún especialista que valore el caso. Esta serie de decisiones tomadas a gran velocidad, unida a la necesidad administrativa de tener que redactar informes y documentación y al movimiento constante de pacientes que caracteriza las salas de Urgencias, supone una gran carga cognitiva para las personas trabajadoras, algo que puede llevar a una fatiga que impacte en la calidad de las decisiones tomadas. La IA puede ayudar a reducir esa carga.
En un estudio reciente de Harvard, en el que se compararon los diagnósticos y tratamientos propuestos por varios médicos de urgencias y los que indicaba una IA tras exponerse a la misma documentación, ganó la IA, especialmente en la fase de triaje. Es decir, la parte de preguntarse si de verdad la tecnología puede dar resultados más exactos empieza a decantarse hacia el sí, pero solo valdrá la pena si se cumplen una serie de requisitos, como una base tecnológica sólida —que solucione problemas y no los cree—, fiable y transparente.
Además, es importante garantizar que el funcionamiento del sistema no dependa de una conexión a internet (mejor un continuum cloud-edge que ejecute la IA directamente en hardware local) y permitir el acceso a un cloud europeo soberano para operar de forma escalable, entrenar modelos y procesar datos de forma segura.
Desde Deutsche Telekom, a la que pertenece T-Systems, ya se está teniendo en cuenta todo esto a la hora de desarrollar tecnología que permita esa integración de la IA en Urgencias. Un ejemplo es la pantalla de visualización en tiempo real basada en IA que se está desarrollando junto con el Fraunhofer IAIs y el hospital Merheim de Kliniken der Stadt Köln en el marco del programa europeo IPCEI-CIS. El proyecto constituirá un maro modelo para infraestructuras de IA de alta seguridad en Europa.

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