¿Qué pensaría Henry Ford, que revolucionó la industria del automóvil a través de la producción en cadena, al ver cómo se fabrican los coches en pleno siglo XXI? Nos atrevemos a aventurar que estaría maravillado al descubrir los avances de la industria 4.0 en el sector de la automoción y, sobre todo, al ver la velocidad a la que se está cambiando y avanzando. Un ejemplo de esto es la revolución del dato.
Una planta de producción de automóviles —al igual que cualquier fábrica de cualquier sector— es una fuente inagotable de información. Esto era ya verdad en tiempos de Ford y, ya entonces, se intentaba aprovechar lo que el día a día iba enseñando para tomar mejores decisiones y ajustar los diferentes procesos. La diferencia es que ahora, gracias a los avances tecnológicos, tenemos mejores métodos de captura de datos (a través, sobre todo, de sensores) y un poder computacional infinitamente superior que permite cruzarlos y analizarlos. Es aquí donde está el reto actual: en poder convertir los datos de planta, producción, homologación y calidad en información útil, trazable y accesible para toda la organización.
Para esto hay varias partes: por un lado, está la recogida de esa información. Escoger qué datos vale la pena recopilar, cómo hacerlo y con qué frecuencia es fundamental para garantizar resultados fiables. Por otro lado, esa enorme cantidad de información debe ser almacenada y procesada de manera eficiente, para lo que hace falta una infraestructura tecnológica sólida, capaz de gestionar millones de registros (y hacerlo en tiempo real).
Una vez obtenidos y organizados los datos, entra en juego la inteligencia artificial. Gracias a algoritmos avanzados, las fábricas pueden detectar patrones que pasarían desapercibidos para el ojo humano. Esto, entre otras cosas, permite anticipar averías, optimizar el mantenimiento de la maquinaria y mejorar la calidad de los vehículos. De este modo, se reducen los costes, se evitan interrupciones en la producción y se garantiza un producto final más seguro y fiable.
Otro de los elementos clave en la fabricación del coche del futuro es la automatización. Los robots actuales son mucho más precisos, flexibles y colaborativos que los de generaciones anteriores. Ya no se limitan a realizar tareas repetitivas, sino que pueden trabajar junto a los operarios, adaptándose a diferentes procesos y ayudando en actividades que requieren una gran precisión. Esta colaboración entre personas y máquinas aumenta la productividad y mejora las condiciones de trabajo.
Las soluciones digitales que quieran de verdad ayudar a la industria del automóvil a adaptarse a las posibilidades tecnológicas actuales deben permitir centralizar, gobernar y explotar el dato industrial. Esto significa conectar sistemas de planta, plataformas cloud e IA para mejorar, en tiempo real, la toma de decisiones.
Desde T-Systems ayudamos a las empresas del sector a implementar esas soluciones, algo sobre lo que habló Eva Pueyo, Head of Business Area Auto&MI, durante su intervención en la edición de 2026 de Advanced Factories. Como indicó en una publicación en Linkedin, «implementamos soluciones para empresas de automoción e industrias que necesitan avanzar hacia modelos de producción más conectados, flexibles y orientados al dato, resolviendo dispersión de datos, falta de trazabilidad end-to-end o complejidad regulatoria en entornos como la homologación europea».

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