Uno de los argumentos que se suele esgrimir contra la inteligencia artificial es el de lo poco sostenible que es. Como si los centros de datos fuesen algo nuevo, como si ver contenidos en streaming o simplemente navegar por internet no tuviese también su impacto medioambiental, de pronto el centro de la conversación lo protagoniza la cantidad de agua que gasta cada conversación con un chatbot. La preocupación es válida porque, efectivamente, los centros de datos consumen mucha energía; pero si la discusión obvia que existen también los centros de datos verdes o que la energía puede venir de fuentes renovables y ser, por lo tanto, sostenible, se trata de un debate sesgado. En el caso de la IA soberana, además, es un debate vacío: la única IA soberana posible es la sostenible.
Esto es así porque para una soberanía real no hay que pensar solo en chips, datos, nubes y regulaciones, sino recordar que ese control real y absoluto que se busca requiere una infraestructura física con la capacidad suficiente para sostener el crecimiento de la IA. Procesadores, sí, pero también un suministro eléctrico fiable, sistemas de refrigeración, redes de alto rendimiento y, por supuesto, una ubicación adecuada. Sostenibilidad significa poder mantenerse en el tiempo. Si lo hemos asociado tanto a lo medioambiental es porque nada que dañe el planeta podrá tener un futuro.
La fábrica de IA soberana de T-Systems, Industrial AI Cloud, es un ejemplo de esto. Construida en Múnich aprovechando y modernizando un data center que ya existía, combina este uso eficiente del espacio con un funcionamiento en el que, en vez de ser una infraestructura que solo extrae recursos de su entorno, también aporta algo a cambio. Por ejemplo, la refrigeración del centro de datos utiliza agua de un arroyo cercano, pero el calor residual que se genera será utilizado en el futuro para el suministro de calefacción del barrio en el que se encuentra.
En esa relación recíproca que se establece con el entorno entra también la conectividad: Industrial AI Cloud necesita que se puedan transportar con velocidad y fiabilidad grandes cantidades de datos. Las cuatro conexiones de fibra óptica con 400 Gbit/s cada una lo permiten y, además, las empresas pueden utilizar toda esa capacidad de cómputo, servicios en la nube e infraestructura de datos.
La sostenibilidad se construye, al fin y al cabo, cuando distintos elementos pensados para ese uso a largo plazo se combinan. Aquí, por ejemplo, se ha utilizado una infraestructura ya construida, lo que abarata costes y evita las emisiones de la construcción de algo desde cero; la fuente para el suministro de energía es renovable y verde; el sistema de refrigeración es inteligente y ese calor que se genera no se desaprovecha, etc. En un panorama como el actual, cualquier IA soberana debe crecer desde la consciencia de que la escasez de recursos es real.
¿Por qué es esto importante?
La IA soberana, indispensable para no depender de las plataformas de grandes empresas privadas extrajeras regidas por una regulación diferente, requiere también pensar en cómo poder crecer y mantenerse en el tiempo para poder ser competitiva. La sostenibilidad es indispensable.

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