Lejos de los titulares en periódicos generalistas sobre los usos que la población ya está haciendo de la IA (para pedirle consejo, para hacer tareas académicas, como sustituto de los buscadores), esta tecnología ha revolucionado ya también el día a día de muchos profesionales de distintos sectores. Uno de los más claros es el del desarrollo web: según las predicciones de Dario Amodei, fundador de Anthropic, antes de 2026 la IA ya escribirá el 90 % del código. ¿Cuál es el papel de los desarrolladores en este nuevo escenario? ¿Se quedarán obsoletos y sin trabajo? No necesariamente. Pero, para evitarlo, tendrán que redefinir su rol y el valor que aportan.
Ya lo advertía Gartner en una encuesta hecha a 300 empresas estadounidenses y británicas a finales de 2023: el 56 % de los encuestados aseguraba que el rol más demandado en 2024 sería el de desarrollador con habilidades de IA y de aprendizaje automático. Esto significa, añadían, que el 80 % de los programadores tendrán que actualizar y renovar sus conocimientos de aquí a 2027. ¿Qué tendrán que hacer? ¿Cómo son los desarrolladores de la era de la IA?
La respuesta es la más directa: lo que diferencia a un desarrollador o desarrolladora de una inteligencia artificial es su humanidad y son los seres humanos los que tendrán que seguir al mando. Si la IA ya escribe el código, las personas seguirán siendo fundamentales para su revisión, para escoger la mejor versión (con la nueva velocidad de desarrollo que se alcanzará, podrán proponerse distintas versiones), para analizar de forma crítica ese código que se ha generado como por arte de magia.
Además, como recuerda Jörg Oppermann, director del programa AI Engineer en T-Systems International GmbH, desarrollar software no es solo escribir código. «La tarea realmente compleja en el proceso de desarrollo de software es comprender cuál es la necesidad del cliente, qué problema se debe resolver con ayuda del código, cómo se debe estructurar la arquitectura, qué diseño se debe elegir para obtener el mejor resultado, cómo interactúan los distintos componentes del código entre sí y con el sistema informático circundante y, por último, cómo hay que gestionar el proyecto y la comunicación con todas las partes interesadas del proyecto», asegura. La IA puede ayudar, pero el factor humano sigue marcando la diferencia.
El futuro del desarrollo de software será, por lo tanto, una colaboración continua ente humanos y tecnología. IA y desarrolladores se complementarán para dar como resultado un desarrollo mejor del que conseguirían por separado. En T-Systems llevamos ya meses comprobándolo gracias al uso de AI Engineer, una solución que genera, documenta y prueba automáticamente el código. La herramienta libera muchísimo tiempo a los desarrolladores (reduce el proceso de desarrollo de seis meses a doce minutos), permitiéndoles dedicarlo a tareas más valiosas, creativas o exigentes. La llegada de la inteligencia artificial supone sin duda una gran revolución para el mundo de la programación de software, pero serán las empresas que sigan contando con humanos para sus desarrollos las que de verdad logren sacarle todo el partido.

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