La inteligencia artificial se ha convertido en una de las palancas clave para el futuro. Ya lo es, en realidad, para el propio presente. La integración de estas herramientas en la operativa de las empresas ayuda a ganar eficiencia, eficacia y hasta resiliencia. Las compañías están reduciendo gastos, simplificando operativas y automatizando tareas repetitivas, que liberan tiempo a sus plantillas para dedicarse a acciones de más valor. El potencial es elevadísimo, lo que lleva a que muchas organizaciones estén apostando por la IA e iniciando proyectos de inteligencia artificial.
Sin embargo, tan importante como apostar por esta herramienta, es hacerlo con un proyecto definido y con un conocimiento claro de lo que supondrá su impacto. Aunque el retorno de la IA puede ser elevadísimo, dar el salto a estas soluciones implica asumir ciertos costes o afinar qué se hace y cómo en el departamento TI. Toca reestructurar o plantearse si las infraestructuras estarán listas para lo que se les va a pedir. Ahí es donde las cosas hacen aguas. De hecho, algunas estimaciones apuntan que los CIOs subestiman lo que les costará la inteligencia artificial.
Esto es lo que concluye un estudio de IDC que ha analizado los movimientos de las 1.000 mayores empresas globales. Según sus estimaciones, están subestimando en un 30% el coste que tendrá la infraestructura de sus apuestas por IA. Las cuentas están mal, por así decirlo, a dos años vista y obligarán en un futuro no tan lejano a que los CIOs deban ampliar el alcance de sus proyectos de IA. «La IA es cara, impredecible, muy diferente de los proyectos de TI tradicionales y crece más rápido de lo que la mayoría de los presupuestos pueden soportar», recuerda Jevin Jensen, vicepresidente de investigación de infraestructura y operaciones de IDC, como recoge CIO España.
La gran pregunta es dónde está el fallo, qué es lo que arrastra a los responsables de TI y, sobre todo, a sus cuentas. En cierto modo, se podría resumir en que la IA es diferente a todo lo que han hecho hasta ahora y que sus conocimientos presupuestarios basados en la experiencia previa no funcionan en este nuevo escenario.
«Las aplicaciones habilitadas para IA suelen consumir muchos recursos, se combinan con modelos de consumo opacos y han superado el manual tradicional de presupuestación de TI», afirma Jensen, que destaca que no se puede usar el coste de implementar una solución ERP como baremo para entender lo que implica la inteligencia artificial. Las compañías tendrán que afrontar inversiones más complejas tanto en hardware como en elementos asociados, como la seguridad o la gobernanza. Son partidas presupuestarias que suelen ser subestimadas como gastos secundarios, pero que son igualmente importantes.
Importancia de un buen partner
Todo ello hace que una buena estrategia en IA sea especialmente relevante. Los CIOs deben saber a qué atenerse, para lo que deben estudiar muy bien qué esperan de la inteligencia artificial y cómo alcanzará su compañía esos objetivos. Solo teniendo muy claro el panorama se logrará ajustar bien todos los pasos intermedios.
En ese camino, también es determinante contar con un buen partner. A la hora de escoger a qué empresa proveedora se recurrirá, se debe tener muy presente toda esta complejidad. Un buen socio simplificará las cosas, evitará problemas y garantizará un salto a la inteligencia artificial fluido. Es lo que hace T-Systems, que tiene muy claro que «la transición a una empresa asistida por IA requiere una preparación cuidadosa».
Sus propuestas en IA beben de su experiencia integral en IA, que ayudan a lograr «resultados tangibles» sin descuidar todas esas variables complejas. Así, se evitan los dolores de cabeza a los CIOs: nada de cálculos que infravaloran los potenciales retos y todo a favor de una integración perfecta desde un enfoque integral.

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