Si se viaja dentro de España, hace tiempo que no es necesario llevarse las recetas de los medicamentos necesarios en papel para poder comprarlos en otra comunidad autónoma. La digitalización de los servicios públicos de salud ha llevado a que la tarjeta sanitaria, sea de la comunidad autónoma que sea, funcione como una suerte de llave de información sanitaria personal básica accesible fuera de ella. En cualquiera farmacia, verán qué medicamentos tocan. Incluso, desde este verano, en los centros sanitarios podrán acceder a una versión resumida de los datos sanitarios clave.
Aun así, si se cruza la frontera, la tarjeta sanitaria española no funcionará del mismo modo y la tarjeta sanitaria europea solamente nos acredita como usuarios de los sistemas sanitarios de cada uno de nuestros países. No se pueden comprar los medicamentos que se necesitan en una farmacia de otro país comunitario solo entregando la tarjeta y, si toca pasar por un centro sanitario, habrá que contar qué nos ocurre a viva voz. Pero ¿es posible un futuro en el que los datos estén interconectados y la información viaje de un lugar a otro de la Unión Europea?
Lo cierto es que es factible. La cartera de identidad digital europea ya se ve como una pasarela para identificar desde un dispositivo y de forma segura a cada ciudadano. Ahí ya aparece potencialmente la información de salud básica.
Pero el potencial de la digitalización de los servicios de salud va mucho más allá y, de hecho, sus beneficios no solo llegarán a la comodidad de circular por Europa sin preocuparse de tener que contar en cada consulta médica si se tienen problemas de colesterol o ciertas alergias. Por supuesto, la mejora de la calidad de vida de los enfermos crónicos será notable, pero la digitalización y la puesta en común de información sanitaria podría ayudar en muchas áreas.
Un pasaporte sanitario
La normativa comunitaria ha creado ya un marco para ello. El Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EEDS) entró en vigor en marzo de 2025 y los países están incluyéndolo en sus propias operativas internas (los diferentes marcos temporales para alcanzar diferentes hitos serán en 2027, 2029, 2031 y 2035). «El Reglamento sobre el EEDS tiene el objetivo de establecer un marco común para el uso y el intercambio de datos de salud electrónicos en toda la UE», explica el propio texto de la norma.
Al empujar a la digitalización de datos, servirá para que las personas tengan un mejor acceso a esa información, pero también para que se usen de forma segura esos datos y para que los sistemas sanitarios de los países miembros puedan acceder en modo «mercado único» a las historias clínicas. Simplificar el intercambio de datos no solo ayudará a la ciudadanía y al personal sanitario (si te pones enfermo en otro país comunitario, por ejemplo, podrán ver los datos fundamentales conectados a tu salud), sino que creará un marco más claro, estructurado y seguro para compartir información para la investigación científica.
Espacios de datos seguros
¿Y qué papel tienen las empresas tecnológicas en todo esto? Las experiencias en otras áreas creando salas de datos seguras es determinante. Al tiempo, compañías como T-Systems, han ayudado ya a la digitalización de los sistemas sanitarios de algunos de los países más avanzados en este terreno.
España es uno de los países pioneros en digitalización sanitaria. «Los primeros pasos en esta dirección ya se dieron en España. T-Systems ha creado una plataforma para implantar la estrategia de datos del Servicio Canario de Salud (SCS)», explica en un análisis del estado de las cosas Dirk Backofen, director de Digital Identity Business de T-Systems.
En Alemania, que está trabajando para la digitalización de su sistema sanitario, se han destinado 130 millones de euros a proyectos de investigación en estas áreas. «Los ejemplos más conocidos son las salas de datos para la vida inteligente, la industria 4.0, la movilidad y Catena-X», apunta Backofen. Catena-X es un ejemplo para comprender hacia dónde va la innovación sanitaria, porque este «ecosistema de datos de la industria automovilística» ayuda a poner información en común de forma segura. «Y es que, a partir de febrero de 2027, el denominado Pasaporte para baterías será obligatorio para todas las baterías de más de 2 kWh que se comercialicen en la UE», indica el experto.

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