El desarrollo de la inteligencia artificial (o IA) ha sido imparable en los últimos años. Esta herramienta ha pasado de ser la protagonista de las proyecciones más optimistas sobre cómo la tecnología estaría llamada a cambiar las cosas a formar parte ya no solo del día a día de las empresas, sino también del de la ciudadanía. La inteligencia artificial está desde en los smartphones de la gente (que la usa desde para retocar las fotos familiares hasta para darle un toque al mail que se le atasca) hasta en los equipos informáticos más avanzados de las compañías.
Pero el crecimiento y esa casi omnipresencia moderna ha generado también dudas y reticencias. Se teme el coste medioambiental de la inteligencia artificial o que se pueda convertir en una palanca para toda clase de malas prácticas (aunque, en Europa, la Unión Europea ya ha establecido un código de buenas prácticas), así como el impacto que puede tener en áreas muy concretas de la vida cotidiana. Una de las áreas que preocupa es la de su impacto en el mercado laboral.
Los análisis que hablan de pérdidas potenciales de empleos se suceden y, aunque hayan sido matizados y desmontados por las voces expertas, forman parte ya de las conversaciones a pie de calle. Incluso en aquellos entornos en los que la IA no se ve con tantas reticencias preocupa que suponga una mayor presión laboral o que empuje a una reducción tanto del pensamiento crítico como de la interacción con otras personas, como concluye un estudio que acaba de publicar Computing.
Pero ¿puede ser en realidad la IA una aliada en el trabajo?
La nueva colega, la IA
En realidad, eso es lo que apuntan los análisis expertos, que hablan de cómo la IA podría reducir de las ineficiencias y mejorar la productividad.
La plantilla tiene claro el papel que deberá jugar en su lugar de trabajo. Volviendo a los datos que publica Computing, el personal laboral prefiere ver a la IA como una compañera y no tanto como una supervisora. Así, aunque solo un 30% aceptaría a la inteligencia artificial como jefa, un mucho más elevado 75% estaría más que dispuesto a colaborar con agentes de IA. Esto es, la inteligencia artificial es una aceptable colega de trabajo, otra pieza para el día a día.
Eso sí, la IA tendrá que aprender a jugar en equipo. Las personas encuestadas dejan claro que no quieren que los beneficios de la inteligencia artificial lleguen con una contrapartida de peores condiciones para el personal. De ese modo, si bien un 90% cree que aumentará la productividad, un 48% teme que lo haga también la presión.
Cómo se gana a la plantilla
Los viejos trucos para caer bien en la oficina no funcionan para la IA, que debería usar como carta de presentación sus propias características. El estudio confirma un dato un tanto esperable: quienes temen a la inteligencia artificial y su impacto en el trabajo son quienes no tienen en realidad contacto directo con ella.
Son quienes trabajan en compañías que han incorporado ya estas herramientas quienes las ven de forma más positiva: quienes trabajan en compañías que han integrado agentes IA confían en que sus empresas los usarán de forma responsable en el 95% de las veces, pero solo lo hacen en el 36% quienes trabajan de forma escasa o reducida con ellos en su día a día.

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