Los efectos de la digitalización no solo impactan sobre las empresas. Son también un elemento que cambia las cosas para la ciudadanía y para las administraciones públicas. En el caso de estas últimas, el uso de herramientas tecnológicas permite simplificar procesos, mejorar las eficiencias o hasta facilitar el acceso de las personas a servicios. La transformación digital tiene, así, muchos beneficios añadidos.
Algunos ejemplos permiten comprender claramente cómo cambian las cosas y cómo las herramientas tecnológicas lo simplifican todo. Uno de ellos es el nuevo monedero digital europeo, que ha creado una identidad digital europea y permite mantener la soberanía de los datos personales, sin tener que dejarlos en manos de aplicaciones de terceros.
De hecho, se espera que a la larga sustituya el uso que se hace de apps de terceros como Apple Wallet o Google Pay. Más allá de los pagos, también funciona como una herramienta de identificación de curso legal —ahí está el DNI digital ya operativo— y podría servir para llevar nuestra información sanitaria en el móvil (ahí está el piloto en Alemania de este servicio, en el que participa T-Systems).
Pero, más allá de lo general, ¿cómo están las cosas en lo específico? ¿Cuál es el estado de la eAdministración en España?
Buenos datos, pero siempre margen de mejora
En líneas generales, se podría decir que España está haciendo bien las cosas en administración electrónica, pero que esto no debería hacer que el país se duerma en los laureles porque siempre hay margen de mejora. Eso es lo que se desprende del análisis que ComputerWorld le dedica a la cuestión.
De entrada, la situación española es bastante positiva. España ocupa el número 17 en el ranking sobre gobernanza digital elaborado por la ONU en su análisis E-Government Survey 2024. Esto lo sitúa como país líder en el sur de Europa y cómo el séptimo por la digitalización de las administraciones públicas en toda la Unión Europea. En paralelo, España también saca buenas notas en servicios digitales para la ciudadanía y el uso de canales digitales en el último Informe sobre el estado de la Década Digital de la Unión Europea.
La percepción de la sociedad de esta digitalización es igualmente positiva, porque creen que hace más fácil el día a día.
Pero eso no quita que se deban —y puedan— hacer cambios y mejoras. El Informe sobre el estado de la Década Digital señala que todavía se está por debajo de la media europea en la digitalización de servicios para empresas, aunque la separación es mínima y por tanto potencialmente corregible.
Un proceso en marcha
A esto se podría sumar que España parece haber comprendido el proceso de cambio y mantiene un proceso en marcha para mejorar sus datos. De hecho, y como señala el reportaje de ComputerWorld, la digitalización es una de las piezas clave de la inversión pública española de estos últimos años. Varias de las líneas de inversión vinculadas el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado con fondos europeos NextGenerationEU, se conectan con la digitalización de las administraciones públicas. Incluso existe un plan específico destinado a estas áreas concretas, que se centra tanto en la transformación digital de la Administración General del Estado como en la modernización y mejora a nivel autonómico y local.
Los PERTE (Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica) están destinando recursos a áreas específicas vinculadas a todos estos puntos, como la «salud de vanguardia», la digitalización del ciclo del agua o la inteligencia artificial y las lenguas del Estado.
Así, por ejemplo, España acaba de abrir su oficina del dato, que quiere usar la información que genera el sistema sanitario para optimizar el diagnóstico y los cuidados.

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