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Esta frase, utilizada por los bandoleros que asaltaban los caminos de Sierra Morena, indicaba que o entregabas el dinero y otros bienes materiales o lo ibas a pasar mal, muy  mal. Estos bandoleros, hoy en día, se asombrarían del poco dinero, billetes y monedas,  que llevamos “en la bolsa”, y en cambio tenemos un montón de tarjetas, dinero de plástico, un móvil y en algunos casos un reloj inteligente.

Durante los últimos meses nos hemos acostumbrado a evitar los pagos con dinero en efectivo. La razón principal es la higiene, y, aunque la OMS afirmaba en marzo que la transmisión del coronavirus por manipular billetes o monedas no es una de las causas principales de contagio, los estudios indican que en monedas que contienen cobre el virus puede mantenerse hasta 4 horas y en los billetes el virus puede permanecer varios días.

Desde hace muchos años, se sabe que manipular dinero es poco higiénico porque se trata de objetos que cambian de manos y acumulan suciedad y por eso ya se aconsejaba el lavado de manos tras el uso del dinero en efectivo.

En la época más dura de la pandemia se aconsejó evitar el pago en efectivo como método para mejorar la higiene en general. Muchos usamos las tarjetas para la mayoría de los pagos, siempre que  sea posible utilizarla  ya que algunos establecimientos no admiten el pago con tarjeta si no se supera un importe mínimo. Los establecimientos pueden pedir un importe mínimo, siempre que lo anuncien previamente a los clientes a través de carteles visibles al público. Sin embargo, si en la puerta del establecimiento hay una pegatina de Visa o Mastercard deberían permitir el pago con estas tarjetas, sin aplicar importe mínimo

Además cada vez realizamos más pagos con dispositivos móviles con códigos QR o mediante tecnología NFC, como los smartphones o los Smart watch. A esto se suma que cada vez disponemos de más aplicaciones como Bizum y otras apps para repartir gastos como Splitwise ,  Cuanto cada uno?  o a pachas.

¿Es el fin del dinero en efectivo?

No, o al menos no hablamos de la desaparición del dinero en efectivo con un horizonte cercano. El Banco Central Europeo y la Comisión Europea establecen que tanto los billetes como las monedas son de curso legal, por tanto, no es posible denegar su uso.

La CE estipuló en 2010 que «La aceptación de billetes y monedas en euros como medio de pago en las transacciones al por menor debe ser la norma», salvo en casos catalogados según el «principio de buena fe» (es decir, que el minorista no disponga de cambio, por ejemplo).

Desde el Gobierno se ha llevado al Congreso una propuesta para eliminar gradualmente el dinero en efectivoimpulsado por la crisis del coronavirus y gobiernos autónomos dicen que  en la nueva normalidad se promoverá el pago con tarjeta u otros medios que no supongan contacto físico entre dispositivos.

Desde el Ministerio de Hacienda se planea rebajar de 2.500 a 1.000 euros los pagos en metálico.

Lo que sí estamos viendo es que el futuro pasa por incrementar el uso de las tecnologías para usar, cada vez menos, el dinero y las tarjetas físicas. Por ejemplo, durante esta pandemia se ha aumentado el límite superior para exigir el DNI en el pago, desde los 20 euros preexistentes, a los 50 actuales.

Podemos acostumbrarnos a no tocar la cartera para realizar pagos, de la misma manera que aprendimos a utilizar el manos libres del smartphone para atender llamadas sin sacarlo del bolsillo. Así, podemos utilizar sistemas de pago contactless, pago a través de apps o, en el plano más mundano, prescindir de la moneda para el carro del súper (como sucede en algunas cadenas de alimentación).

Existen múltiples métodos no tradicionales para realizar pagos. Desde PayPal para compras online; sistemas propietarios como Google Pay, Apple Pay, Samsung Pay…; aplicaciones de bancos, como podría ser Twyp de ING o, mucho más universal, Bizum.

Con toda esta tecnología al alcance (y la que vendrá), el uso de monedas y billetes y tarjetas seguirá decreciendo a un ritmo posiblemente superior al actual. Eso sí, para ver el fin de “la bolsa”  tendremos que esperar todavía un poco más de tiempo.

 

Patxi Naranjo

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